Rodolfo Flores, Agencia ReporteCiudadano.
Tuxtla Gutiérrez, 29 de octubre de 2021.- En el año 1994, durante el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los cuerpos de los indígenas muertos en combate, que eran traídos y apilados en las instalaciones de la Feria Chiapas, y que nadie reclamó, fueron trasladados al Panteón San Marcos.
Los mismos fueron sepultados en una fosa común, que ahora es la última morada para las personas de bajos recursos y víctimas de Covid-19.
Con el paso de los años, estos espacios que permanecieron en el abandono, fueron otorgados a familias de escasos recursos, a unos días del día de muertos, los familiares de quienes yacen en este espacio, ubicado en las profundidades del camposanto, realizan pequeños arreglos, que sus pocos recursos les permiten.
Sergio Morales Valencia familiar de inhumados en este espacio dijo que: “Venimos a poner un pedacito de azulejo porque no hay más paga porque estamos un poco de recursos abajo, y no hay apoyo del gobierno, casi nada, estos dos años la hemos pasado duro con la crisis”.
Los precios de un terreno normalmente se encuentran entre los 35 a 45 mil pesos, sin embargo, estos espacios se ofrecen por ocho mil pesos, y únicamente pueden colocarse cuerpos de familiares directos de quien realiza la primera compra. El familiar expresó que: “Tenemos que presentar un papel, sino no nos dejan pasar”.
Informó que su abuela fue la primera en adquirir este espacio, este año, dos de sus tías perdieron la vida durante la pandemia Covid, y fueron sepultadas una encima de la otra. Cada año, la hilera de tumbas en vertical incrementa, pero los cimientos pertenecen a los indígenas que se levantaron en armas el 01 de enero de 1994.
Estos ex milicianos, fueron llevados al camposanto, sin que hasta el momento alguien los visite o recuerde, ante la necesidad de nuevos espacios están siendo retirados de este lugar para ser ocupados por las víctimas de la pandemia.